Echando culpas

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 “Lo usual es que los gobernantes (por ignorancia o por interés, que no es lo mismo, pero es igual) confundan a los responsables de lo que pasa para no asumir sus propias culpas”.

Mafalda y su hermano menor, Guille, están sentados con sus amigos al borde de la vereda. Todos se quejan de la intensa ola de calor.

Guille escucha las quejas y pregunta: “¿Es culpa del govielno? “. Mafalda asiente. Se voltea donde sus amigos y les dice: “Aún no sabe bien cómo distribuir las culpas”.

Castillo es como Guille. Su reacción ante la elevación de los precios ha sido: “No permitiremos que por situaciones políticas los monopolios hagan lo que quieran”.

No sabe cómo echar las culpas. Es más. Posiblemente nunca aprenda a hacerlo. Lo usual es que los gobernantes (por ignorancia o por interés, que no es lo mismo pero es igual) confundan a los responsables de lo que pasa para no asumir sus propias culpas. El síndrome “desviacionista de la culpa” se agudiza en quienes parten de un pensamiento de izquierda que, por definición, confunde causas y efectos.

¿Cuándo hay mayor concentración de mercado suben los precios? Sí. Es posible que ello ocurra. Depende, principalmente, de las barreras de acceso al mercado.

Pero de allí a decir que toda subida de precio es por culpa de monopolios u oligopolios, hay un abismo. Y a ello se suma, además, que el hecho de que suban los precios, incluso cuando hay concentración en el mercado, no necesariamente es una mala noticia.

La frase de Castillo muestra una confusión tan grande como la del pequeño Guille. Decir que por situaciones políticas los monopolios hacen lo que quieren no tiene sentido. Si un monopolio puede subir los precios a voluntad no tiene por qué esperar un descalabro político para subir los precios. Si puede hacerlo lo hará al margen de que haya ganado Keiko, Castillo, se cierre el Congreso o se vaque al presidente.

Los precios han subido tanto por la coyuntura internacional como por los mensajes contradictorios, inestables e insensibles desde el punto de vista económico que el propio Cerrón, Castillo, Bellido y compañía se han dado el lujo de dar. La subida del dólar y el comportamiento de los mercados reflejan que todos (no solo los ricos, no solo los empresarios) se están comportando, asumiendo que en el futuro el sol (es decir nuestra economía) valdrá menos. Asumen que se producirá menos, se importará menos y se exportará menos. Todo será más escaso, con lo cual los precios tenderán a subir.

Es cierto que un monopolio puede generar escasez y con ello subir precios. Pero un gobierno (que es también un monopolio, de hecho, el peor de todos) tiene una capacidad mucho mayor de generar escasez y con ello subir los precios. Así que la frase de Castillo debería ser: “No permitiremos que, por situaciones políticas, Perú Libre haga lo que quiera con los precios”. Por supuesto, nunca lo dirá.

Y, finalmente, si fuera cierto que la subida última es por los monopolios, eso significa que ganarán más. Si ello es así, entrarán nuevos productores, distribuidores e importadores al mercado atraídos por la rentabilidad del monopolio. Con ello los precios bajarán. El rol del gobierno es bajar las barreras de entrada, no anunciar, como está haciendo, que las subirá. Pero cuando el gobierno no entiende bien las cosas, se la pasa echando a los demás las culpas de su propia incompetencia.


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