La maldita economía

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Dejar de lado la economía para proteger la salud es como quemar tu dinero porque preferirías tener pan.

“No podemos preferir la economía sobre la salud”. “La economía no se preocupa de los valores y principios”. “Más importantes es proteger los derechos que la economía”. Estas frases, que se escuchan por todos lados, concluyen que el número de muertos por una pandemia se reducirá si no nos preocupamos tanto de la economía y nos preocupamos más por la salud.

Por alguna razón extraña, tendemos a ver a la economía como algo lejano. Imaginamos que funciona en los bancos, en las bolsas de valores o en el manejo de las empresas. Percibimos que no nos afecta. La vemos como algo que absorbe los recursos y nos los quita para que vayan a parar a manos de otros. Vemos la economía como algo que beneficia a los millonarios. Pero ¿es así?

La economía es quizás una de las cosas más cercanas a todos. Lo atraviesa todo. Economía no es solo el estudio de la riqueza o de las transacciones en el mercado. La economía es conducta: es entender cómo nos comportamos alrededor de los recursos y cómo resolvemos el problema de su escasez.

La elección entre mantenernos encerrados durante la cuarentena no es una decisión entre la economía y la salud. Es una decisión económica entre recursos escasos. Hay pocas camas en UCI y pocos respiradores. La pandemia aumenta su demanda agudizando su ya clara escasez. Una forma de reducir esa demanda es evitándonos trabajar lo que a su vez reduce el contagio. Pero al parar el trabajo se vuelven escasos otros bienes (salarios, producción de bienes y servicios, viajes, entretenimiento, etc.). Hemos decidido generar sufrimiento en un lado para aliviar sufrimiento en otro. Esa es una decisión económica.

Si uno quiere defender el derecho a la salud, el primer paso es entender que está defendiendo la economía necesaria para sostenerlo. Ese derecho no existe sin recursos. La cuarentena es una decisión económica. Y quien pretenda sostener que el derecho a la salud debe protegerse por encima de la economía dice algo tan absurdo como que uno debe preocuparse primero de construir la casa a cómo obtener los ladrillos para edificarla.

El presidente salió a decir (no tenía otra) que el sistema de salud es deficiente. Ello significa que el sistema de salud pública es producto de una mala economía y un mal uso de recursos. Ello depende de la parte de la economía que le hemos encargado al Estado.

Pero ha salido muy orgulloso a decir que Perú tiene una sólida posición económica, con recursos suficientes para toma medidas agresivas que convierten al paquete de apoyo a la economía peruana en el más ambicioso de la región. Pero ello se basa en que se generaron impuestos que nos dan hoy los recursos necesarios. Se deriva de confiar en la parte de la economía a cargo de los privados. Los incentivos de mercado nos dieron una capacidad económica que hoy todos envidian. Eso es buena economía.

Y es que los derechos y declaraciones valorativas no valen nada sin los recursos suficientes y los incentivos para usarlos adecuadamente. Sin buena economía no hay salud, alimentación, agua, seguridad, propiedad ni libertad. Mientras no entendamos eso habrá siempre menos respiradores de los que realmente necesitamos.

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